Cuando no había tolvaneras sacaban una sal muy blanca que servía para la mesa, realizándola como si fuera sal de Colima. Pero cuando llegaban las tolvaneras y les ensuciaban la sal, esta salía prieta como revolcada y se destinaba para el ganado, teniendo buen mercado en Sayula, Ciudad Guzmán, Guadalajara, Tapalpa, Platanar, etc., donde se vendía por toneladas
En esa década de los treintas trabajaban todavía varias salinas, una en Carmelita, dos en Tehuantepec, otras en Techaluta y otras más cerca del Atravesaño, así como en Amacueca y Sayula.
El trabajo era muy pesado, los salineros se iban a vivir de plano ahí, aguantaban zancudos y todo el día bajo el sol, por ello seguramente los muchachos jóvenes no quisieron seguirse dedicando a ese trabajo y comenzaron a irse a trabajar en los Estados Unidos, los viejos se fueron muriendo o comenzaron a ver que ya no era costeable y dejaron los pozos para dedicarse a otro menester, finalizando la actividad hacia el año de 1940. En Verdía hacían otra cosa: echaban salitre común y corriente, bien desbaratado, en canoas de mezquite, lo ponían a cuajar con el sereno y sacaban sulfato de sosa que lo vendían bien, aunque en menor escala.
En una ocasión una compañía de México me pidió le embarcara un carro de tequezquite, que se daba mucho cerca de las islas, se los mandé, pero seguramente no dieron resultado los experimentos, porque nunca volvieron a pedir otro.
Entre los salineros de Techaluta, recuerdo a Marcos y Emilio Cortés, después se enseñaron muchos otros de los cuales no recuerdo nombres. Vivían pobres, se mantenían nomás.
Menciona que él los refaccionaba, le pagaban con sal cuando esta salía y él la distribuía en los diversos pueblos, ganándole algo, a veces bastantito, a una troca de cuatro toneladas le llegó a ganar como cuarenta pesos y cargaba de dos a tres semanales. Genaro de la Torre de Ciudad Guzmán tenía troca y otra don Alfonso García, de Atoyac, venía la troca con sus cargadores, que subían la sal, la entregaban y me cobraban a centavo el kilo, eso por allá por los años treinta y treinta y cinco, todavía en treinta y siete pude trabajar algo, entonces una vaca costaba veinte o veinticinco pesos
En 1941 casó en Sayula y se vino a vivir, aunque siguió yendo a Techaluta donde tenía terrenos, herencia de su padre, un molino de nixtamal, cajas de abejas y otros “sólo que la agricultura ahí era mala, por lo general en agosto no llovía y se quedaba viendo uno la labor, anualmente casi siempre se perdía y sólo en temporales muy lluviosos algo se sacaba”.
“Cárdenas quitó todo, quedó la pequeña propiedad, el Cerro del Campanario y había un ojo de agua allí con una atarjea, para criadero de ganado era muy bueno, yo siempre tuve ganado allí. En mayo bajábamos los bueyes para los medieros y bajaban gordos, el ramoneo, buen terreno era para eso”
Aquí termina la entrevista con don Fernando Ramírez Villanueva y finaliza también este pequeño estudio sobre la fabricación de sal en la laguna conocida como de Sayula, Atoyac o Zacoalco.
Sayula, al. Julio 28 de 2010.
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