Es don Luis González y González quien acuñó, en México, el término de microhistoria a las investigaciones realizadas por personajes —no necesariamente con formación profesional—, aficionados a la historia y amorosos de su lugar de estudio, que generalmente es su “tierruca.” Don Luis, hace años, 1973, publicó en el libro Invitación a la Microhistoria sus conceptos iniciales sobre este tema donde hace un deslinde de la Historia y la Microhistoria; de sus campos de estudios y de los personajes que la realizan
Sobre estos últimos, con un humor que se antoja corrosivo, asienta: “ … la gran mayoría se habrá metido por simple nostalgia y amor a la familia y al terruño. Los más de los microhistoriadores del momento presente son originarios del villorio, la villa o la ciudad objeto de sus estudios. La actitud romántica sigue siendo el motor principal de la microhistoria.” Y continúa más adelante: “…(en el terreno de la vocación) …no sólo es aficionado por falta de oficio sino también por sobra de afición y simpatía por su tema.” Prosigue: “Una ventaja más del mini con respecto al maxi es la de que aquél [se refiere al mini, al microhistoriador] escribe habitualmente de lo que conoce por experiencia propia; de lo que conoce y ama; tiene alma de anciano y muy frecuentemente lo es.” En lo que respecta a las conductas e ideales de los microhistoriadores, don Luis los agrupa en tres tipos: El tipo hormiga, araña y abeja. Por razones de espacio sólo mencionaré el primero: “…lleva y trae papeles; extrae, según el dicho de don Arturo Arnáiz y Freg, noticias de la tumba de los archivos para trasladarlas, reunidas en forma de libro, a la tumba de las bibliotecas;…”
En este excelente libro, don Luis nos da a conocer el camino de la microhistoria en las distintas épocas de la humanidad. Nos informa de los distintos nombres que tiene en otras culturas y de las posibles en que se le puede nombrar en español. Además de hacer un panorama de las características de los historiadores profesionales y los que se dedican a la micro, tanto en sus objetivos como en su metodología de investigación. Son tres conferencias dictadas por el investigador del Colegio de México y fundador del Colegio de Michoacán. Destacan, de su autoría: Pueblo en vilo y El oficio de historiar.
Este pequeño libro cumple perfectamente en su invitación para dedicarse a la microhistoria, es ameno y concluye con un listado de mil libros escritos bajo esta forma de historiar. Sobre estos libros dice González: “Yo puedo decir que he leído con mucho agrado y he aprendido mucho en Tetela del Volcán de Carlos Martínez Marín, en el Consulado y en la Insurgencia en Guadalajara de José Ramírez Flores, en Cosas de viejos papeles de Leopoldo I. Orendáin, en las Colimas de Daniel Moreno…” Estas breves palabras sí que son un buen homenaje al trabajo del maestro Ramírez Flores nacido en Techaluta.
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