Como muchas veces sucede, hay pueblos y países que los vemos sin pena ni gloria, por estar tan lejos de nosotros o porque poco nos importa la vida más allá de nuestro entorno. El terremoto aparte de provocar una enorme destrucción de edificios, casas y vidas humanas ha exhibido un país lleno de injusticia, de pobreza y de desigualdad social.
La buena voluntad mundial se ha generado por medio de las instituciones internacionales que han hecho acopio de víveres que se están trasladando hacia ese país. México no ha sido la excepción, y ya se han enviado varias toneladas de alimentos en aviones de la Fuerza Aérea Mexicana. En Sayula también se ha hecho acopio de materiales y dinero que se enviará al pueblo de Haití.
En una especie de extraña ironía el presidente Barak Obama de Estados Unidos ha enviado a los ex presidentes Clinton y Bush, quienes han mantenido tiranos gobernantes en la isla que han protegido intereses de compañías del vecino del norte. Para muchos más que ayuda parece una invasión de Estados Unidos, aprovechando la debilidad y la ausencia de gobernabilidad del presidente haitiano. Las tropas de Estados Unidos se han apoderado de puertos y aeropuertos, al grado de entorpecer la ayuda que envían otros países, y la ONU, sigue sojuzgada a las fuerzas norteamericanas.
Señaló un columnista mexicano: No resultó tranquilizador que tropas aerotransportadas cayeran sobre los jardines del derruido Palacio de Gobierno de Puerto Príncipe. Todo indica que, con el pretexto de la inviabilidad, en el más depurado estilo de la era del Gran Garrote, Washington y el demócrata Obama establecerán un protectorado de largo plazo sobre Haití. No vaya a ser que al pueblo haitiano se le ocurra tomar en sus manos el destino de su patria.
Algunos consideran a Haití el país más pobre de Latinoamérica, y lo más triste es que ha sido gracias a la protección de gobernantes tiranos que mediante la fuerza militar tendrán pór no sabemos cuántos años en esas condiciones a ese pueblo.