La Calaca, la huesuda, la parca, la catrina… palabras que el argot mexicano ha destinado para simbolizar a la muerte. Inevitable para todo ser vivo… Puerta abierta para la eternidad… Cierre del círculo de la vida… Luz roja para nuestros pecados… Alivio para nuestras penas… Angustia para nuestros seres queridos… Entrada a paraíso… Paz y descanso para el alma. Tantas cosas que significa la muerte.
Todos los pueblos de alguna manera realizan ceremonias para los difuntos, pero en México, los Mexicas, Mayas, Totonacas, y otros pueblos tuvieron su particular forma de realizar ceremonias con motivo de la muerte. Ellos tenían una manera distinta a la católica. Los pueblos prehispánicos reconocían varios destinos dependiendo del tipo de muerte que tuviera una persona, así los guerreros y las mujeres que morían de parto iban a un mismo destino: Omeyocan. Los muertos ahogados, con el Dios Tlaloc, en Tlalocan. Y para lo que tenían muerte natural estaba el Mictlan.
En cambio en la cultura católica el destino de las almas es en base a un comportamiento que premia con el cielo, o castiga con el infierno, la buena o mala conducta que la persona tiene en la vida. Al mezclarse los pueblos y culturas s tienen hoy costumbres de ambos pueblos españoles e indígenas. En Sayula se celebra desde el 28 de octubre hasta el 2 de noviembre, las visitas al cementerio municipal, lo que también se hace en Usmajac.
La flor de Cempaxochitl, el pan de muerto, altares de muertos, calaveras, son tradiciones que hoy luchan contra el poderío mercantil del exterior que trata de atraparnos con tradiciones más que de otros pueblos, si de mercaderes cuyo propósito es que cambiemos nuestras tradiciones para llegar a ser su más vulgar clientela que ingenuos e ignorantes entreguemos lo poco que tenemos. Las escuelas primarias, secundarias y preparatorias año con años estimulas a los alumnos a conservan estas tradiciones que son parte del ser como Nación, que no une como mexicanos, y que siempre debemos de conservar.
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