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La diosa y yo

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  “Abriste en el universo ese hoyo metafísico que permite a los dioses olvidados volver a lo terrenal, a los lugares donde alguna vez fuimos venerados. Tu me ayudaste, haciéndome regresar de la dimensión desconocida, del ominoso olvido donde  los frailes evangelizadores  provenientes de España durante la época de la conquista nos condenaron a vivir, nos desterraron con hechizos y conjuros a todas las deidades que entonces predominábamos, dejándolos a ustedes a merced de otros dioses extranjeros  y  desconocidos.

  Llegaste a Zapotlán esa noche, tan noche en tu auto por la autopista, aun en la distancia conforme el camino te acercaba, mirabas lo grande que es este pueblo, asemejaba en la negra oscuridad un perenne brasero gigante, palpitantes luciérnagas doradas, sembradíos de maíz de oro resplandeciente por los cerros orientales y al voltear al lado opuesto te asombraste de la majestuosidad de los colosos guardianes de este fértil valle que tímidamente meten los pies en la laguna. Estaba muy oscuro, te inquietaba el profundo silencio que lo arropaba todo, no había alma alguna; miraste afligido la desolación, tuviste pensamientos de esos tan humanos de miedo, de incertidumbre, andabas temeroso. Te cercioras de los seguros de tu auto y subes el cristal.

 

Buscando un hotel, te dirigiste al centro, leo tu mente con tanta claridad como si fuera mía, miraste socarronamente esa glorieta conformada por tamboretes alineados en circulo, mueves la cabeza criticando, la ves con ironía, eso enciende una mecha en ti, que nos une. Sigue tu camino, buenas noches, descansa que esto apenas comienza...”

 

  Por mí trabajo y las sinvergüenzadas del destino me vine a vivir a esta ciudad, no vengo de lejos; pero sí con gran tristeza y otras cosas grandes también: la nostalgia, la cotidiana resignación y todo cuanto cupo en mi maleta. Lllego con la idea de  “conocer el terreno”, buscar casa y prepararlo todo para traer a mi familia, retomar mi vida y hacer como si nada hubiese pasado.

 

  “Te compensaré chico, tendrás todo lo necesario y encontrarás tu casa cerca del punto donde abriste la puerta que me trae aquí, realizarás paseos vespertinos en los que tendrás contacto conmigo, por lo pronto  no podrás verme pero ahí estaré…”

 

  Después de mucho buscar finalmente encontré una casita bonita y confortable, puedo mirar desde sus ventanas los volcanes, el gran nevado que me hace frente y me saluda con gallardía y el de fuego, el menor de los dos, que se esconde tras las faldas del hermano; por las tardes me mandan sus caricias de aire frío con aromas del campo y cuando el pequeño se disgusta me llena todo de cenizas.

 

  Adopté la costumbre de caminar con la noche casi tocándome la espalda y el viento murmurándome cosas al oído, me acarreaba una fuerza inexplicable con destino a la glorieta susodicha, como cuando el enamorado va en busca de su amada.

 

   Siempre pensé que pudiera ser más bello ese espacio entre  la calzada y la glorieta, asi como el trayecto hasta el centro, pudiera ser como el Paseo de la Reforma  de la capital o como los Campos Elíseos de la ciudad Luz.

 

Esos deseos también lo mencionan los periódicos, pero no hay hechos  por lo pronto no dejan de ser ideas,  forman parte de un sueño no consolidado mientras tanto, Utópico…

 

  De regreso a casa puedo admirar la enorme y hermosa  señora luna sentada sobre las peñas y conforme me acerco huye por la sierra del tigre, allá para La Manzanilla dejando una estela de luz en el camino que se pierde entre la bastedad del bosque de pinos.

 

  Envié varios emails a las autoridades, sugiriéndoles que quiten ese  horrendo círculo de cilindros  y construyan un puente elevado, un paso a desnivel que de más fluidez al paso vehicular o en última instancia una glorieta digna de este pueblo soportada por una  efigie que se imponga, que corone el ingreso a la ciudad y nos anticipe su belleza e inyecte  con su tangencial despido o bienvenida a los que vienen o se van, los deseos de un pronto regreso. Para mi coraje y alimentación a mi fiel e inseparable gastritis nunca recibí respuesta. Mis paseos  se convirtieron en tardeadas cotidianas y yo vivía inmerso en un mar de decepción,   bah!, me ignoraron las mugrosas autoridades…

 

  “¡Utópico no chico!, real, de todas las opciones por ti propuestas se dará  la glorieta, para el personaje que se erguirá ahí, pensarás en mí, enviarás esa fuerza, proyecta tus pensamientos, tú tienes el poder de materializar, tú tienes el secreto, ten cuidado con ello, constrúyeme un trono…”

 

  ¡Increíble, las autoridades iniciaron una obra en el exacto sitio de la glorieta de los tamboretes! día a día observo  el avance, excavaciones, cimientos, ladrillos, colado, el pedestal, lámparas, pasto, más pasto, agua  y amenizando  con todo, los gritos de los capataces neuróticos y el presuroso nerviosismo de las autoridades.

 

  Esta tarde concluyen su jornada los albañiles, los electricistas, los peones  y  se van junto con el sol, con el tráfico de vehículos y con la pasadera mundana.

 

  Llegamos los del siguiente turno: la luna, las sombras, las luciérnagas, el viento frío  y yo. 

 

  Meditabundo me recuesto en la recién terminada base de la glorieta, pienso ¿qué pondrán sobre esta base? es todo tan incierto…“Tú  tienes el poder de la ley de la atracción, recuerda, chico, tú me vas a materializar, volveré a mis dominios, donde tuve amor y veneración, donde alguna vez hice el bien, protegí a mis adoradores, y proveí”

 

  Quien viveee, hasta mí llega un hombre de extraño semblante, fatigado, un campesino con raros huaraches desbaratándose, habla un español mocho, seguro que es un forastero, consigo trae unos bultos en un asno.

    –Vengo de Guatemala, estoy muy cansado, ¿cree usted que podrán darme posada en el templo?  –¡Que se caigan las torres del templo! si no le dan asilo a este pobre hombre –pensé – siento que vivo un extraño sueño, es confuso entre visiones y cosas como estas.   –Oiga ñior, ¿no le interesa a usted una imagen para su pedestal? , traigo un  señor San José.  –No amigo, le agradezco pero esto no es mío, yo sólo soy un intruso aquí.

  –Está bien patroncito, tenga usted una buena noche,  proseguiré mi camino a la casa de Dios.

 

  Apenas se había esfumado el forastero, cuando irrumpe la paz recién restablecida el estruendo de una motoneta, ante mi estupor da vueltas a la glorieta, va en ella un hombre pequeño, sombrero mosquetero, capa negra, cabellera de algodón y fraternal sonrisa; se detiene y hace una reverencia tocando su sombrero: “ Con esta humilde humanidad que cargo, propongo que en ese soberbio pedestal debiera haber un monumento a...la palabr, porque ella es mágica y nos lleva a un sinfín de caminos para encontrar la abstracción de las verdades ”

 

  – El Señor guardó silencio, dejó ver el brillo de sus ojos, haciendo una nueva reverencia, se retiró dejando en el viento palabras que paulatinamente se van yendo con él, buenas noches…buen señor….” Los abismos atraen. Yo vivo en la orilla de tu alma. Inclinado hacia ti, sondeo tus pensamientos, indago el germen de tus actos…."  

 

  Al poco rato surgen de las penumbras, infernales golpeteos del acero de una caballada rompiendo las piedras, arrancando matas y anunciando escandalosamente entre relinchos su tétrica presencia.

 

  Mi paz recién restaurada se  heló todita. Ante mí se detiene un encapuchado que trae en un brioso caballo negro, me señala con su fuete mientras su tropilla de bandoleros se carcajean burlonamente, de pronto uno de ellos dice: “Vámonos Colombo, capaz que por matar a este pobre diablo, nos hacen un monumento, nosotros no matamos pelagatos,  míralo, no tiene ni en qué caerse muerto ”.  Se dan la vuelta y arrancan a todo galope levantando una nube de polvo rumbo al misterioso Apaztépetl…

   –Uffff, ¡Gracias Diosito lindo! qué bueno que aún no cobro mi quincena.

“Por favor ten paciencia, ya deja de imaginar, no atraigas más entidades, recién despaché a un pintor muralista que venía a ofrecerte poner en la base un muro y pintar algún motivo socialista. Ya basta, cree en mí, quiero mi lugar”.

 

  Han pasado varios días en la obra, retoques, detallado del pedestal, las pantallas de las lámparas, pintura, los relieves con símbolos indígenas,  la gente va y viene.

 

  La fecha de inauguración presiona alterando los ánimos y creando palabrejas entre los trabajadores, maldiciones, saludos maternales y toda la cosa.  Ya no he tenido más apariciones.  – ¡Dios mío qué es eso!  ¡Una momia!

 

  –No le puedo decir qué es señor. Esta escultura será develada pronto, el día de la inauguración y usted podrá apreciarla y conocerla entonces.

 

  Era una tarde vencida cansada de existir y que ya se iba, era un sol que se rajaba y se perdía en el horizonte a grandes pasos, era una perla blanca que brotaba argentándolo todo. Era un tipo enfadado sentado en el círculo interior de la nueva glorieta. Miraba el enorme bulto envuelto en lienzos, sobre un majestuoso pedestal relieves de la época precolombina, serpientes emplumadas, aros de roca  y su forma piramidal. Estoy ansioso, la impaciencia baila conmigo,  calma, escribe un poema, mira la luna que todo lo anima, mira el cielo estrellado, ecuánime, indiferente a todo lo que acontece en el universo, siente el sereno perfumado que te brinda la sierra, recibe en tu frente el rocío de la noche, siente la muerte de las horas de este día, mira la hora en que duerme la tierra.

 

  “Apareces de nuevo por aquí, tan fiel, tan leal, siento tu corazón, tu bondad, niño, te veo cansado, vienes a pesar de todo a mi encuentro, sin saber quién soy; pero vienes, te duele el cuerpo por el costal de preocupaciones que cargas, me brota lo maternal, la necesidad de aliviarte, pronto te daré  mi uxitl *  y te sentirás mejor”.

 

  Este amanecer todo el mundo anda como loco, se gritan, tiran el material, se dicen palabras indecibles, hacen señas con los dedos, trabajan, trabajan…las autoridades llegan, se quitan los lentes oscuros, preguntan inquietos, se pasan la mano por la cabeza, sacuden el polvo de su saco y se van.

   –Oiga Sr. Capataz, ¿esta obra cuándo quedará concluida?  –Hoy mismo Señor, mañana es la inauguración.

  !Ave María purísima, mañana!  Sí Señor.

 

  Ya con el remanso de la tarde, esfumados los obreros, al fin concluyeron dejando las luces encendidas, la pintura fresca y el césped mojado. Recién me acomodaba recargándome en el pedestal bajo la misteriosa envoltura, cuando sigilosamente alrededor  de mi danzaba una blanca y densa neblina proveniente de los cerros, invadiéndolo todo.

 

  ¡Qué es esto!, caen a mi lado trozos de tela con los que se cubría la figura del pedestal, y presiento que alguien se acerca, un aroma primaveral deleita mi olfato y de pronto…

 

   – ¡Hola chico! –

 

  Veo unos finos pies posarse a mi lado, conforme alzo la mirada recorriendo ese cuerpo me cercioro de que es una mujer, una joya preciosa, divina, con un atuendo de mazorca, ¡qué belleza! una exquisita cintura delgada que brota entre las hojas de milpa, me sorprende la desnudez de sus pechos,  no puedo evitar apreciarlos, firmes, seductores, bien torneados y con el más encantador bronceado. Resaltan hombros denotando gran delicadeza, manos suaves de porcelana fina.

 

   En mi fascinante exploración concluyo en su cara, una princesa de exquisitos rasgos indígenas, piel dorada, ojos de fuego. Me cautiva con su sonrisa, sus blancos dientes, su mirada avasalladora.

   ¡Ay Señora! ¿Dígame quién es usted?

   – ¡Hola Chico, al fin en casa! Podrás escucharme y verme, antes del equinoccio de la primavera, sólo yo podía comunicarme contigo mentalmente y disponer de recursos para dirigir tus actos, tú me trajiste aquí y estoy en deuda contigo, eres un buen chico…

 

  –No comprendo, ¿quién es usted? –Tome, cúbrase, que no es bueno que nos vean aquí y usted desnuda, y más tan cerca los burdeles. Le ofrezco mi abrigo a esa divina mujer, escultura viviente, tengo que aceptar que es realmente una diosa.

   –Ja, ja, ja, exactamente, chico, soy una diosa y te pertenezco, te repito, por ti estoy aquí.  ¿Acaso lees mi mente? ¿Qué deseas de mí?

  –!Sí! como quieras comunicarte conmigo igual te entenderé, puedes hablar o con tu pensamiento basta, me complace que te agrado, soy “ Tzapotlatenanzi, para ti “Toci” como me decían en Tlaxcala, yo era la diosa de estos lugares; primero fui mortal y de oficio curandera, mi misión era aliviar los males y flagelos enviados por XipeTotec el  señor desollado, con quien malamente tus semejantes me atribuyeron amoríos por eso alguna vez les he castigado con algunos temblores.  Adivina, ¿Quién tiró las torres de tu catedral?.

 

  Yo curaba la sarna y tantas temidas enfermedades de la piel, después la adoración de tus ancestros me deidificó inmortalizándome y haciéndome la madre de estos lugares, después fui exiliada por los frailes franciscanos, llegaron más enfermedades  para quedarse, miles de generaciones jamás supieron de mí , adoraron a los nuevos dioses y ahora no tengo cupo entre sus oraciones; pero sí  quiero estar en estos lugares con la sangre de los descendientes de quienes alguna vez fui su adorada diosa, los cuidaré, abogaré  por ustedes, en lo que a ti respecta te daré salud y bienestar.

   ¿Me está diciendo que usted  será la escultura de esta Glorieta?

  –Así es, cuando tú deseabas la remodelación de este lugar te sincronizaste con quien ya me materializaba; pero tu desconocimiento y tus ideas renovadoras  atraían a  otros entes que deseaban ocupar mi lugar, a quienes tuve que estar ahuyentando y la fuerza interior que mantuviste esos días fue la que me permito estar aquí, haciéndome fuerte y dándome vida.

   – ¡Gracias, amado mío!, ven a mí, abrázame, déjame sentir palpitar tu noble corazón.

  – ¡Caraaay que frío,  es tarde! ¡Qué inmensa oscuridad! … debí de haberme quedado dormido.

 

  Ya es mas allá de la media noche, la glorieta está relumbrante, hay una dulce sensación de paz y armonía primaveral en el ambiente, el equinoccio…  ¡Oh la estatua eres tú  Toci, hermosa!

 

  DIARIO DE ZAPOTLAN sábado 21 de marzo de 2009.

Con una peculiar ceremonia con danzas autóctonas, la autoridad municipal inauguró la Glorieta de la Tzapotlatena, con un emotivo discurso destacó la perseverancia para consolidar el proyecto que permite el reencuentro con nuestras raíces  y procedió a develar la estatua del pedestal, tirando de un lienzo, apareció entonces soberbia y majestuosa la diosa a los ojos de su pueblo.  –Pensé, ¡Hola Toci!

  ! Hola amor! –Muy orgullosa la hermosa diosa sonrió  y me guiñó un ojo.

                                                                            FIN*uxitl - es una resina  extraída del pino que usaba la curandera para aliviar dolencias y enfermedades de la piel. 
Comentarios
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Felipe de Jesus Menendez  - Especial reconocimiento   |2010-06-29 17:04:21
Yo conoci a Salvador de chiquillo, desde entonces recuerdo que escribía, poemas y declamaba. Ahora leo sus
cuentos, es excelente narrador, esta preparado, a crecido, ojo mucho ojo, no lo pierdan de vista, Cd.Guzman ya
detectó su potencial.
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